Si bien tengo la fuerte duda si algún día dejaré de dudar acerca de quién soy realmente, tengo por seguro que a los 18 años es mucho más probable que me sienta desorientado que al ser mayor. No por dar por sentado que estoy en edad de estar desorientado voy a asumir que es mi tiempo para que mi mente divague más de lo necesario; eso causaría que nunca deje de estarlo.
Necesito, de alguna manera, establecer un punto de apoyo, un sistema de referencia. Todo cambia, y siempre dije que me gustaba la idea de poder conocer de mi en diferentes etapas de mi vida. Tengo por suerte cosas escritas de los últimos años, y cuando las leo veo a mi vida como un camino, algo dinámico, y no como un estado inalterable como suelo apreciarlo día a día. Hacer eso me ha ayudado a no olvidarme fácilmente de los errores, mis aciertos y mis cambios.
A grandes razgos, traté de describirme en el Acerca de, artículo que utilicé casi de catarsis de bienvenida.
Muchas cosas que ahí detallo brevemente definen y han definido mi vida, y es acerca de ese tipo de cosas de las que planeo hablar en las próximas entradas.
Esta entrada es, entonces, una pequeña introducción mental para marcarme un poco el rumbo.
¿Cuál es el rumbo? El horizonte. Allá donde pueda disfrutar un poco más de la paz que llevo adentro.
