Una de las cosas a las que más temo cuando escribo es a sentirme falso, presionado, condicionado, prejuzgado. Normalmente suelo pensar un par de líneas inconexas, las tipeo, las leo, las borro, escribo nuevamente, y más de la mitad de las veces lo que veo en pantalla no me convence. Tal vez principalmente porque no tengo claro qué espero del texto: ¿opiniones?, ¿aceptación?, ¿polémica? ¿catarsis?. En muchas oportunidades lo que estoy produciendo representa lo que pienso -al fin y al cabo si la estructura es incoherente o inconsistente, no puedo decir que mis pensamientos no lo sean- pero lo descarto por miedo al rechazo o a que me señalen esas inconsistencias e incoherencias como faltas de carácter, bondad, sinceridad y otros etcéteras que yo nunca hubiese visto.
Ese tipo de cosas me molesta. Me evita publicar muchas cosas y, aunque estoy de acuerdo con que es necesario ser precavido y quisquilloso para no escribir cosas de las que uno no está seguro, ser paranoico no es algo que disfruto mucho enfrentar cada vez que me es necesario expresarme.
En mi corta vida, he tenido la posibilidad través de Internet de conocer a mucha gente, de aprender, de expresarme. Puedo rescatar que es un medio de comunicación que, por lo interactivo, deberíamos aprovechar al máximo; en particular, siempre me ha interesado que se inste al debate o al intercambio de ideas mediante el mismo. Sin embargo, esa protección y anonimato que en ocasiones es útil, a la hora de discutir o escribir siempre me ha confundido en gran medida: aquí siempre me fue más fácil juzgar modos que acciones, porque es justamente la manera de escribir la que resalta muchas veces por sobre lo que se quiere expresar. He visto tanta gente encarnizada en destacar errores de escritura y relacionarlos a razones impensadas por los autores originales que me duele que se pierda ese poquito de sentimiento, sinceridad, motivación realmente relacionados al contenido de la escritura que creo necesarios.
Por eso mismo trato de que Internet no sea mi único medio de comunicación, y por eso mismo muchas veces temo de publicar cosas: por aquellos que, leyendo mi texto, creen que pueden deducir mi ideología política-filosófica a partir de un par de palabras.
El tiempo me ha llevado preferir conversaciones presenciales y relegar internet a un complemento; me encanta ver antes las miradas cálidas y las buenas intenciones que los grandes arsenales de argumentos lingüísticos.
